viernes, 23 de abril de 2010

Antepasados, herederas y la rosa, siempre la rosa...

Como algunos de mis antepasados
quise alcanzar la inmortalidad.

Era muy joven, sin conciencia,
osada y alocada, no era capaz
de ver absolutamente nada.

Ahora empiezo a ser mayor,
el teatro todavía no aplaude,
y me conformo con una rosa
y un te quiero de mi madre.

Las cosas que vendrán,
sólo Dios lo sabe
como sabe que me espantan los infinitos
y la trascendencia de las herencias

Y si algún día tengo que asumir
este destino incierto mío,
lo haré por galleguismo
y porque así me enseñaron
en el colegio

O tal vez huiré
como me enseñó la vida

Lo dice la canción:
al partir un beso y una flor.

Como siempre me estoy yendo
tengo para dar un buen ramillete de besos
y un jardín entero de esperanza.

Sólo entiendo la vida
desde la risa y la compasión.

Hoy tengo un día tan Juan Ramón
tan Jiménez...

Por eso rezo al sol
intento escribir pensapoamientos elevados
y la rosa deshojada
que nadie la toque
que nadie la toque
porque conserva su esencia
conserva su dolor
conserva su olor
conserva su imperfección

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