martes, 19 de octubre de 2010

No ser

La cabeza de la serpiente
se nubla ante el fuego,
hay un infierno verde
extendiéndose al paso
de los ejércitos de la noche.

Nado perdida y no hay orilla,
flotadores, libros, pertenencias,
hijos, bueyes, candiles que alumbran,
todo se divisa a lo lejos,
alguien me arrancó los ojos
y tritura allá dentro los pensamientos
que dan paso a la salida.

Los miembros de mi cuerpo,
doloridos, macerados, empiezan
a pudrirse, busco agua, paraíso,
respuestas, pero los grumos
se acumulan en una comida infecta,
somos los presos del corazón
gobernados por las leyes del diablo.

La razón es un reducto fértil
que se ha quedado en el olvido,
mientras palpamos a tientas
otros cuerpos, otras mentes
y discurrimos en la oscuridad
con el miedo brotando de las cuencas
de nuestros órganos vitales.

Hay un gigante desmembrándonos
al final del tunel,
una cinta de fábrica nos conduce
a su boca permanentemente insatisfecha,
sólo somos alimento, comida febril
que se duele y pide compasión
al fuego eterno, a la lluvia
de los mares o los dioses ocupados.

Y al final, no duele tanto.
El alma se parte, se divide,
se extingue, desaparece.

En la lápida no queda rastro
de quien fuimos, pero no importa,
a veces es mejor desaparecer
sin más.

No ser.

2 comentarios:

din dijo...

¡Me encanta! Huele a verdad.

Paula Mocinho dijo...

Guapa! Gracias por pasar por aquí! Un besote, Din.