miércoles, 20 de noviembre de 2019

Días que pasan




Un día comprendes
que llegará otro día
-no sabes cuándo,
ahí la gracia
del misterio-
en que tu voz será
silencio
y tu cuerpo tierra
y ceniza.
Todo pasará.
Es mientras pasa
que las cosas son importantes,
he aquí la voluntad
del ser humano por legar
lecciones, conocimientos,
monumentos o cualquier
materia que le sobreviva.
En este martes de invierno
y privilegio,
nada de esto trasciende.
Las sábanas se han enfriado,
recojo los versos esparcidos
por la mesa y las cajas
del garaje esperan revisión.
Es en estos impases
de tul abriéndose en la mañana
que deseo palabras punzantes
y esquinas de la memoria
sobresalientes,
entiendo que los días
alcanzan su sustancia última
cuando más allá de su presente
se convierten en perros heridos
de destino.
Por el momento, días que pasan.

miércoles, 13 de noviembre de 2019

PONER LA ESPERANZA EN ALGÚN SITIO




La esperanza hay que ponerla
en algún sitio.
En un sitio visible a ser posible,
para no perderla de vista.
Puedes ponerla en el ser humano,
en las ONG,
en las fundaciones de buena voluntad,
en Greta Thunberg,
en Dios,
en Rosalía,
en el Paraíso
o incluso en las misiones de paz.
Pero yo prefiero ponerla en la estantería
de enfrente,
entre los libros,
para recordarme a mí misma
que aunque a veces no la vea
descansa apoyada entre páginas
en las que otros y otras
vertieron su saber, su soledad
y su tinta indeleble.
Por lo demás, solo una advertencia,
ojo donde la pones
o en quién la depositas
porque en los tiempos que corren
hay especialistas en malbaratarla
a cambio de nada.


(*) Garabatos de Gertrudis Losada Alva.


sábado, 7 de septiembre de 2019

Al menos corre el agua




Las hojas secas volverán a caer.
Quizás ya no celebre el otoño
como otros años,
éste me pilla en mitad
de la intempérie 
haciendo esfuerzos por arreglar
las grietas de la mampara,
por eso hay que volver a hablar
más con los niños y las niñas
y ver qué nuevos inventos 
se les ocurren.

Ah, el otoño, cuántos recuerdos...

Pero ahora estoy aquí
y el pasado quedó en las libretas
y en los diarios.
Ya me advirtieron que estos tiempos
llegarían, pero no puse atención.

Oigo la lluvia fuera,
al menos corre el agua.


domingo, 24 de marzo de 2019

SHE CAN'T STOP SHINING



La vida demuestra
que no hace falta conocer
a alguien
para amarla y desearle el bien.

El BIEN con mayúsculas.
El BIEN de espíritu.
Ese BIEN que se contagia en los alrededores
y se expande por doquier hasta llegar
a los confines más recónditos
de la Tierra
y de las almas.

Un BIEN que yo veo en ti.
Un BIEN que este humilde poema
quiere hacerte llegar de vuelta
en la onomástica de tu nacimiento.

Quizás es esa serpiente
que te susurra en las encrucijadas
cuando las dudas te asaltan
o ese fuego de tu signo
que hace que siempre te quedes
que nunca abandones
y mantengas la calma
de tu sonrisa
y la llama de tu carcajada
más allá de las turbulencias
de tus adentros.

¿Y qué decir de tu lágrima?
Ah, cuántos mundos
caben en la lágrima de una mujer
de uñas silicio...

Cuando lloras, los ríos crecen
ahondando en el mensaje de sus cauces
y el salmón emprende
el camino de regreso a casa.

Chastain, Chastain,
vos no haces películas
vos regalas esperanzas.

A lo mejor el secreto
de tu magia
                  -¿o es tu medicina? -
anida en tu cabello rojo,
herencia de unos pocos;
o puede que solo sea
el empeño por dialogar
con las estrellas
que tienen algunos espíritus
al recordar sus lejanos orígenes.

¡Qué sé yo si no nos conocemos!
¡Qué sé yo si nunca te he mirado a los ojos!

Lo que sí sé es que aquí y ahora
la primavera es luminosa,
como tu Ser,
que no puede parar de brillar.

Happy Birthday, Jessica.
My best wishes.


Santa Coloma de Gramenet, domingo 24 de marzo de 2019

jueves, 21 de marzo de 2019

El desembarco de la alegría




Prepárate para el desembarco
de la alegría.

Desde el horizonte del amanecer
se escuchan ya las campanas
que tocan a expansión.

¡Ondas, olas, círculos concéntricos
elevándose hacia el cielo de los unicornios!

Baila con pies descalzos la danza
de la desnudez kármica,
permite que las huellas que borran heridas
cicatricen con agua salada
y date un margen para comprender
el signo de los nuevos tiempos.

Quizás sea tu máscara que está
- ¡al fin! -
desprendiéndose de tu rostro.

Canta y llora y ríe y calla,
que se vea bien el color
de tu felicidad de ahora, 
de este momento en que trance,
verdad y calma se han aliado.

Anda, pasa, quédate quieta
un rato en el jardín donde todo crece
hacia dentro y los espejos
son cascadas de franqueza.

Prepárate, sí, la alegría llama
a tu puerta y precisa de tu total
entrega.


(*) Acuarela de Elicia Edijanto.

jueves, 21 de febrero de 2019

La sangre de las palabras




No le dimos importancia
a las palabras
hasta que empezaron 
a sangrar.

Creimos poder utilizarlas
como mercenarias
de cualquier objetivo
que nos parecía legítimo
por el simple hecho
de poder ser sostenido
por la razón.

Ah, cuánta tristeza
desprendiéndose
como pétalos en las aceras
del lenguaje...

Sabíamos tan poco
de nuestra historia
que nos alzamos
en vuelo utópico
a la conquista
de lo imposible.

Imposible como tocar
el horizonte
con la punta de los dedos.

Ah, cuánto rumor
a derrota en el latir
de tantos corazones...
 
Ojalá el salmón
ovule en la oscuras
aguas del desaliento
y su camino 
sea origen del nacimiento
de la nueva palabra.

Ave.

(*) Foto Gertrudis Losada Alva.

sábado, 5 de enero de 2019

Feliz noche de reyes, reinas




No estoy cuando me llaman
y estoy cuando no me llaman.
Las modas me fascinan
antes de que nazcan
y me cansan cuando se instalan.
Me produce verdadero estrés
imaginar que no puedo dormir
por el peso de mis sueños
y ya no salgo a correr,
no vaya a ser que a alguien
le de por seguirme;
detesto los proselitismos,
incluso cuando se trata de footing.
De tanto en tanto escribo
-por dentro y por fuera-
para relajarme,
aunque la mayoría de las veces
-lo confieso sin ambages-
lo hago para comunicarme
con mis otras identidades
y con quienes tienen a bien
leerme para compartir
afinidades, discrepancias
y otras ignorancias.
Hace tiempo que no me enamoro
y tampoco lo echo de menos,
¿cómo echar de menos tanto
trastorno?
Ando algo espantada ante la tortura
de la palabra que detecto a mi alrededor,
el otro día unos jóvenes
hacían hogueras con diccionarios
y libros de historia
para encender sus cigarrillos.
Quizás es que me hago mayor
y al tener problemas en las rodillas
empiezo a tener dificultades
con el periscopio de mi mirada,
pero a mí me parece que algo
no va bien.
Algo profundo.
Algo como de alma.
¿Alma colectiva?
¿O será el inconsciente colectivo
el que desafina?
No sé.
Suponiendo que todos los seres humanos
queremos el bien para todos los seres humanos
-como principio fundamental ético
y de supervivencia de la especie-
creo que fallamos estrepitosamente
en la aplicación de la bondad.
O quizás es que la superpoblación
mundial es insostenible
y los poderes fácticos andan preparando
un pequeño apocalipsis.
Un apocalipsis manejable.
Pero teniendo en cuenta 
el origen etimológico
de la palabra en sí
poco pueden hacer las élites
para revelarnos algo que no sea
la obviedad de su jerarquía.
Claro que ya lo dijo el sabio,
el dolor es el megáfono que Dios
utiliza para despertar a un mundo
de sordos.
Por lo demás, se diría que hoy 
es un día precioso,
brilla el sol de invierno en Barcelona
y aprovecho para saludaros 
muy atentamente
y desearos
-como habréis deducido
el verbo desear no es uno de mis preferidos
pero de alguna manera tengo que decirlo-
una feliz y mágica noche de reyes y reinas
tanto para vuestra descendencia
como para los niños y niñas bonitos
que todavía albergáis
en vuestros adentros.