martes, 11 de diciembre de 2018

JA NO QUEDA OLOR DE SANG / YA NO QUEDA OLOR DE SANGRE




Fa temps que el camp
és florit i la primavera
arriba amb moderada
esperança.

Les gents caminen
sense memòria:
és clar no hi eren.

És clar només són històries.
És clar el passat és passat.

Com a molt una creu
de les branques d’un arbre caigut.
Un incident en la nit.
Se sap que la foscor empara
actes indignes.

Però he despertat prop
de la muntanya i he recordat
el malson.
    - Ens perseguien! -he cridat.
He vist els peus descalços a la neu,
les llargues cues,
els trets indiscriminats,
les marques a les xaquetes,
la pell morada i les ferides,
les bombes estavellant-se
contra els edificis, els soldats
emborraxant-se plens de polls
i la sang encara calenta 
escampada pel terra.

Després he mirat arreu
i tot estava en perfecte ordre.
    - Ja no queda olor de sang -he pensat.
Ara de moment només es disparen
paraules
i la veritat ha començat a amagar-se
bosc endins; s'ha de protegir.

Diuen els entesos que no hi ha perill.
Només és el jóc de sempre
amb d’altres jugadors.
Canvia alguna regla,
però res important.

Em quedo més tranquil·la.

(Castellano)

Hace tiempo que el campo
ha florecido y la primavera
llega con moderada
esperanza.

Las gentes caminan
sin memoria:
claro, no estaban. 

Claro, solo son historias.
Claro, el pasado es pasado.

Como mucho una cruz
con la ramas de un árbol caído.
Un incidente en la noche.
Se sabe que la oscuridad ampara
actos indignos.

Pero he despertado cerca
de la montaña y he recordado
la pesadilla.
    - ¡Nos perseguían! -he gritado.
He visto los pies descalzos en la nieve,
las largas colas,
los tiros indiscriminados,
las marcas en las chaquetas,
la piel morada y las heridas,
las bombas estrellándose
contra los edificios, los soldados
emborrachándose llenos de piojos
y la sangre todavía caliente
esparcida por el suelo.

Después he mirado alrededor
y todo estaba en orden. 
    - Ya no queda olor de sangre -he pensado.
Ahora, de momento, 
solo se disparan
palabras
y la verdad ha empezado
a esconderse en el bosque; 
tiene que protegerse.

Dicen los expertos que no hay peligro.
Solo es el juego de siempre
con otros jugadores.
Cambia alguna regla,
pero nada importante.

Me quedo más tranquila.

martes, 13 de noviembre de 2018

Renunciando a la otra



Ya no voy a ser 
quien yo creía que sería.

¿Quién era esa?
Alguien distinta a quien
soy ahora, claro.

Tampoco volveré 
a ser joven nunca más.
Obvia rémora.

Lluvia de añicos
y esquinas irreconocibles
en los anhelos infantiles
que fui coleccionando;
atesorando.

¡Todos a la hoguera!
¡Cenizas como perlas!

Ha llegado el día
de conducir sin venda.
De ser humilde
y aligerarle el peso
a los hombros de Atlas.

Lanzarse a la muchedumbre
descartando el legado de Casandra
y cual Penélope reformada,
destejer más que tejer,
poner a subasta los restos
del cofre del tesoro.

Atravesar sin pudor
las fronteras del poema
para establecerse
en el lugar donde habita
la realidad real.

Y la realidad real
ahora es el otoño
de mi renuncia.

Pero aún faltan lágrimas.


jueves, 1 de noviembre de 2018

1 de Noviembre




Cuando tengo dudas
sobre el sentido de lo que ocurre
-de lo que me ocurre-
miro el hoy con ojos de origen
y me digo
en mi adn llevo la historia
de la humanidad.
Millones de ancestros,
de ancestras fueron pasando
el testigo para que yo naciera.

Entre todos mis muertos
se acumulan virtudes, valentías,
ejemplos para seguir;
también asesinatos, violaciones
traiciones, canivalismos y miserias
propias de la especie.

Al mirar atrás
con los ojos del abismo
y las campanadas de vida
que anuncian todos esos difuntos,
estoy agradecida a mi presente
efímero y a mi entorno más inmediato
que me exime de grandes
encrucijadas.

En un día como hoy
memoria, olvido, muerte y frío
se dan la mano para celebrar
lo que somos
y también para aborrecer 
las indignas atrocidades 
que acometemos.

Quizás no hay pasado
ni muertos ni alarmas suficientes
para frenar la marcha militar
que a veces creo nos va a precipitar
en el agujero negro definitivo.

Pero es ahí cuando mis guías,
mis ángeles custodios, 
los Seres Supremos
y Dios en su versión más inspiradora
me manifiestan un minúsculo camino
de esperanza entre la maleza.

Vivir es transitar con el ser a flor de piel
trazando una estela de tiempo.

Un árbol no hace un bosque
pero es suficiente para dar sombra.

Loados sean los legados
que me han traído hasta aquí.


miércoles, 17 de octubre de 2018

Junto a ti I



Que si el invierno viene frío
quiero estar junto a ti.
Mecano

Anochece,
llega el invierno
y apetece rodearse
de la gente querida,
escribes en un whatsapp.

Rodearse de esas personas
que han hecho contigo
el camino de tus primeras canas,
han llorado tus desencuentros,
te han cogido de la mano
en tus desvaríos
y han compartido tus alegrías
como si fueran logros personales.

Sí, oscurece más temprano
y se agradece el tacto amigo,
ése que sabe que en los días luminosos
aún crees que un mundo mejor es posible
aunque el espejo de tus limitaciones
se empeña en reducir el recinto
de tus sueños.

Sí, una voz amiga,
un aliento cálido
y la complicidad del que se acerca
alejando el peligro
pues es gracias a la amistad
que a veces somos capaces
de sobreponernos
al vértigo de nuestros abismos
y a la miseria moral propia
y ajena que rebaja
la condición humana.

Que sí, 
querido amigo, 
querida amiga,
que si el invierno viene frío
quiero cantar junto a ti.

martes, 9 de octubre de 2018

Pocos motivos para la alegría hoy




Qué pocos motivos para la alegría
ahora que la tormenta avanza
y las nubes ideológicas de lo suyo
se apoderan del horizonte.

Siempre he sospechado
que el bosque es la única salvación
del árbol 
a pesar de las amenazas
constantes del hacha y el fuego.

Me pregunto qué nos merecemos
tras el grito y la alcurnia desesperada
de la supervivencia.

Tantas muertes, tantas muertas.
Tantas conciencias embadurnadas.

Ah, ¿por qué dejaría de creer
en el amor cortés
cuando era tan buen refugio
para las altruistas del corazón?

¡Qué poco está en mis manos
y cuánto garabato del poder
amedrentando a las masas!

Sí, motivos para la alegría pocos.
Si acaso recordar que juntos,
juntas, todo va mejor.
Aunque solo sea en la palabra
y falten tantas obras.

Falten tantas de nosotras.

miércoles, 18 de julio de 2018

Las musas anuncian



I
Las musas anuncian
que la edad de la inocencia
toca a su fin;
y sin embargo
ahora todavía 
debe resistir
pues solo
la inocencia y su fuente 
son testimonios
de la esencia profunda
de lo que fuimos,
de lo que somos
y de los que serán en nuestra
continuación.

Sí, las musas anuncian
y es preciso escucharlas,
pero a veces
detener su galope
es un deber 
para con nosotros
mismos.


II
Quizás visto el intervalo
entre el uno y el dos
sea preciso en este instante
dejar entrar los caballos
en el establo
y acariciarles las crines
mientras les susurramos
al oído cómo nos hemos vestido
de la inocencia que perdimos
y cómo nos hemos convertido
en este jinete desmontado.

Para volver a montar
hace falta valor y permiso
del caballo.


III
Las musas son fuentes
que hacen fluir el caudal.
Si estancamos el agua
crece el moho verde
y todo envejece 
hasta la muerte.

En volandas para esta carrera,
a lomos de musa y caballo,
con coraje y sin fusta,
el cabello al viento
y los recuerdos en la cuadra
de las verdades.


IV
A galopar, a galopar.
Tras el galope llega siempre
el prado.
Luego del galope
se ve la chimenea humeante
de la casa.


V
Crecer es soportar 
el peso de la verdad
sin destruirse.


miércoles, 27 de junio de 2018

Ese momento eterno




En el despertar,
cuando se escucha
el silencio de pájaros
y relojes,
puedo entrever
el sentido de todo Esto.

Es ese momento eterno
y cotidiano,
con sabor a café con leche
y torrada de mantequilla 
de mi infancia,
que me devuelve los pies 
al Camino,
las manos sobre la caligrafía
de mi latido
y nutre con imágenes
de amor, ángeles de algodón 
y cielo protector.

Ese momento en el que el dolor
se transforma y envío a mi Ser
a vagar por el mundo
para decirles a las gentes 
que lo vamos a lograr, 
que no decaigan los cánticos 
ni las danzas,
que alrededor del fuego
se siga inscribiendo la firma
de la esperanza.

Luego el día transcurre,
el momento eterno queda atrás
pero en un rincón de mi ánima
crepita una llamita azul
que voy repartiendo en diminutas chispas
en cada acto que realizo
para que el reflejo de la luz 
tenga una oportunidad 
de sombra.

Y lo mejor es que ya no me pregunto 
si sirve para algo, 
simplemente lo hago.

Lo hago y ya. 
Lo dejo estar.

Y sigo.
Hasta el próximo
momento eterno.
Como éste.
Como cualquiera.