domingo, 7 de noviembre de 2010

¡Cuánta belleza derrochada!

Si alguna vez me soñé
eterna, indisoluble,
fue más un atrevimiento
de mi imaginación
que un sonoro pensamiento

Fue la osadía de la juventud
cuando los sueños son altos
y las expectativas alargadas

¡Cuánta belleza derrochada!

Hasta de un amor imposible
conseguí sacar un beso
que duró la fuga de un instante
y no salvó al barco del naufragio

Aún así, cuánta esperanza
en la nada, cuánta armonía
desatada en el torbellino
de la sangre exaltada

Por aquel entonces empecé
a deshilachar poemas
que más tarde convertiría
en estos pensapoamientos
quién sabe si peor cosidos
pero al menos coherentes
con su procedencia

Lo único que quedó del
naufragio fueron tomos
de mi diario, una obsesión
pacificada por el tiempo
y el deseo impenitente
de no volver a vivir
una pasión tan desequilibrada

También un amistad muy trabajada
que ahora mismo no parece
proceder del huracán
que la originó, afortunadamente

Cada noche rezo para que
los pensapoamientos no me abandonen
para que la humildad se pose
en mis letras y para que el amor
venga de una navegación madura
capitaneada por una pirata experta

La absolución del tiempo
y la moneda acuñada
por un férreo trabajo del corazón
son los verdaderos aliados
para aquellas proscritas
que un día se vieron impresas
en papeles eternos y creyeron,
como Aquiles gracias a sus asesinatos,
pasarían a la memoria de la historia.

Y ahora, con la perspectiva
de la sanación, una entiende
que esos deseos de nubes lívidas
y alcantarillas alzadas al nivel
de los merengues en flor
no son más que chucherías baratas
que un día nos dieron a probar
algunos clásicos.

Mejor contemporánea de tu cuerpo
que clásica de un imposible

2 comentarios:

Claudia AB dijo...

Me gustaría poder deshilachar como tú....muy agradable descubrir este blog.

Paula Mocinho dijo...

Gracias por pasarte y comentar, Claudia...