martes, 9 de octubre de 2018

Pocos motivos para la alegría hoy




Qué pocos motivos para la alegría
ahora que la tormenta avanza
y las nubes ideológicas de lo suyo
se apoderan del horizonte.

Siempre he sospechado
que el bosque es la única salvación
del árbol 
a pesar de las amenazas
constantes del hacha y el fuego.

Me pregunto qué nos merecemos
tras el grito y la alcurnia desesperada
de la supervivencia.

Tantas muertes, tantas muertas.
Tantas conciencias embadurnadas.

Ah, ¿por qué dejaría de creer
en el amor cortés
cuando era tan buen refugio
para las altruistas del corazón?

¡Qué poco está en mis manos
y cuánto garabato del poder
amedrentando a las masas!

Sí, motivos para la alegría pocos.
Si acaso recordar que juntos,
juntas, todo va mejor.
Aunque solo sea en la palabra
y falten tantas obras.

Falten tantas de nosotras.

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